domingo, 12 de septiembre de 2010

Cohesión social y desigualdad en la sociedad chilena, una forma de comprender la catástrofe post terremoto

Los hechos de saqueo y vandalismo post terremoto pueden ser una muy buena excusa para que la sociología retome el intento por explicar los fenómenos de masas. Todos nosotros presenciamos desde nuestras casas por televisión, como ciudadanos comunes y corrientes se trasformaban en cosa de horas en una turba saqueadora propia de un estado de barbarie que pensábamos erradicado de nuestra sociedad.
Claramente no toda esa gente eran delincuentes y el factor “hambre y sed” no puede ser explicación de los saqueos que ocurrieron en menos de 24 horas ocurrido el terremoto.

Estos hechos nos sirven para echar a correr algunas preguntas.
  • ¿Seremos un país lleno de “rateros de poca monta” que surgen apenas desaparece el “control social”
  • ¿Dónde está la supuesta “solidaridad” del pueblo chileno
  • ¿Qué pasa en la sociedad chilena en su conjunto que vasta que se apague la luz y  no haya un carabinero cerca,  para robar al prójimo, no importando si sea pobre o rico. ¡Ya ni los ladrones tienen código de ética!
    Aquí surgen también algunas preguntas sobre el tipo de sociedad que hemos construido:
  • ¿Será que hemos construido una sociedad, basada un discurso, individualista, egoísta, del "todo vale", del "el que es más vivo es el ganador", del "arréglatelas solo, y que la solidaridad es una ilusión?
  • ¿será que hemos construido una sociedad con una desigualdad social tan grande que hace que exista un orden social tan precario solo basado en la coerción del estado y la policía?
  • ¿Será que hemos construido y aceptado una educación pública de tan  pésima calidad que no ha aportado nada a los procesos de socialización e integración?

Estas son todas preguntas, que si bien, es poco probable que alcancemos a responder en esta breve conferencia, intentaremos entregar algunos antecedentes que nos ayuden a abrir el debate.

Recordemos algunos antecedentes de lo que ocurrió después del terremoto:

El primer lugar, hay que tener en cuenta que los saqueos no fueron actos exclusivos del llamado lumpen, sino que en estos actos se observó la participaron personas de clase media e incluso algunos más acomodados, por lo que no se puede decir que los pobres fueron los culpables y que fue sólo la necesidad la que motivó los actos.  

Resulta evidente que mucho de lo observado no corresponde a aprovisionamiento de productos de primera necesidad, y tal como todos pudimos ver por televisión lo más cotizado fue la línea blanca, electrodomésticos  y especialmente los televisores de plasma.

Es importante decir que se encuentra históricamente documentado que luego de grandes terremotos o desastres  ocurren saqueos de distinta frecuencia e intensidad en las zonas afectadas. Por ejemplo en el terremoto de 1906 ocurrieron saqueos que fueron detenidos incluso con fusilamiento in-sit.  Por lo tanto, este fenómeno ha ocurrido en Chile en el pasado. Lo que sí parece ser novedoso es lo transversal (socioeconómicamente hablando) de la participación de las personas estos actos y el tipo de lugares saqueados. Recordemos  que se saqueó todo lo que se pudo saquear, desde el Hiper Lider hasta el pequeño y proletario almacén de barrio en algunos casos. 

Pareciera seque, bastaba solo que hubiera la más mínima perdida de “control social formal” (vale decir: vigilancia, visible, etc.), que sumado a cortes de luz y servicios básicos y la ausencia momentánea en el funcionamiento de la instituciones, para que se desataran un sin numero de conductas desviadas  en un sector importante de la población que tradicionalmente era funcional al sistema (es decir, ciudadanos y consumidores civilizados comunes y corrientes).

Surge entonces una pregunta central: ¿qué es lo que cohesiona a la sociedad y en particular que es lo que mantiene el orden social?

Bueno, este sentido pareciera que la sociología es una de las disciplinas más ad hoc para explorar explicaciones al fenómeno.

Estos actos tuvieron una connotación tan importante en la sociedad chilena que a nuestro juicio es necesario emprender una tarea investigativa con las herramientas de la ciencia social y para eso a continuación presentaré algunas ideas que pueden contribuir a comprender este fenómeno.

Para la sociología, el concepto la cohesión social designa el grado de consenso de los miembros de un grupo social y la percepción de pertenencia de estos miembros a un proyecto común. Este concepto también se encuentra con la densidad de las relaciones sociales.

En síntesis la cohesión social se manifiesta en cuanto los ciudadanos se encuentran integrados y comparten significativamente un proyecto de país o sociedad que los identifica.

En el caso de chile para comprender como se ha constituido históricamente esta idea de proyecto de sociedad chilena es muy importante tener a la mano la idea de Portales sobre estado y sociedad civil.
 
Teniendo este antecedente a la mano, miremos ahora cuales han sido las principales transformaciones de la sociedad chilena durante los últimos 20 años y pare esto son útiles los informes sobre desarrollo humano del PNUD
  
Informe del 1998: La modernidad se encuentra cruzada por varias tensiones:

Existe una tensión entre la modernización y la subjetividad. No hay modernidad al margen de la persona, de sus valores y afectos, de sus conocimientos y motivaciones, de sus miedos y proyectos. La subjetividad abarca a la personalidad individual, pero también a sus pautas socioculturales y su sociabilidad cotidiana.

La hipótesis central de este Informe plantea que esas asintonías pueden conformar un malestar social que atenta contra las posibilidades de mejorar la Seguridad y el Desarrollo Humano en Chile.

Tres temores básicos: el temor al otro, el temor a la exclusión social, el temor al sin sentido. Se trata de tres temores que remiten a las coordenadas básicas del hecho social: la confianza en los otros, el sentido de pertenencia y las certidumbres que ordenan el mundo de la vida cotidiana.

El malestar puede engendrar una desafiliación afectiva y motivacional que, en un contexto crítico, termina por socavar el orden social.

La desconfianza puede estar motivada por la percepción de que dichos sistemas distribuyen de manera desigual oportunidades y riesgos.

El informe muestra que no sólo existe un acceso desigual al empleo y al consumo, a la educación, la salud y la previsión, sino que esta desigualdad es percibida por las personas.
La mayoría de los entrevistados, con excepción del grupo socioeconómico alto, teme no estar en condiciones de aprovechar las oportunidades del desarrollo y de asegurarse contra sus riesgos.

Informe de 2000: Asociatividad y vínculo social:

Asociatividad y capital social son procesos dinámicos, sujetos a los estímulos y obstáculos que plantea el entorno social. Las personas pueden ser sujetos y beneficiarios del Desarrollo Humano cuando logran combinar esfuerzo individual y acción colectiva.

En Chile hoy existe una fuerte valoración de la responsabilidad. Las personas tienden a atribuir al esfuerzo personal una importancia mayor para su bienestar que aquélla que adjudican a las políticas del Estado o al azar.

Dicha valoración de la iniciativa individual suele estar acompañada de un considerable grado de autoconfianza. En general, el futuro personal suele ser visualizado con mayor optimismo que el desarrollo futuro del país. Las iniciativas colectivas, en cambio, aparecen debilitadas.

Aparentemente, la economía capitalista de mercado y los procesos de globalización y de individualización ofrecen pocos incentivos morales y materiales a la acción colectiva. Suele afirmarse que la asociatividad de los chilenos habría disminuido en comparación con los años ´60, e incluso, en relación con el auge de las organizaciones sociales de los años ´80.

En Chile existiría una individualización acompañada de privatización. Las personas parecen ganar un grado mayor de autonomía individual mediante su retracción de los ámbitos sociales. De ser así ello podría debilitar la vida social y, por ende, la sustentabilidad del Desarrollo Humano.

La profunda restructuración de la sociedad chilena en las últimas dos décadas ha significado un desplazamiento desde la responsabilidad colectiva, ejercida por el Estado, hacia la responsabilidad individual, ejercida básicamente en el ámbito del mercado.

Es un asunto de cada individuo y, de hecho, de cada familia el procurar no sólo su empleo y sus ingresos, sino también solventar sus seguros de salud y vejez y decidir el establecimiento educacional de sus hijos.
Al mismo tiempo, sin embargo, muchos chilenos se quejan de un individualismo exacerbado que rompería con los lazos solidarios de antaño o que obstaculizaría aquéllos que se desean para el futuro.

La individualización puede tener efectos negativos si no se inserta en vínculos sociales. Entonces da lugar al individualismo, fenómeno conocido en todos los sectores sociales. En los grupos socioeconómicos bajos suele ser el producto de grandes desigualdades y de un clientelismo populista de larga data. Tales situaciones fomentan la búsqueda de ventajas materiales inmediatas, aprovechando los "nichos" lícitos e ilícitos, sin consideración de los demás.

Informe del 2002 Tesis sobre los cambios y desafíos culturales de chile:

1.Chile está viviendo un profundo cambio cultural. En este proceso desempeñan un papel central las dinámicas de globalización de la sociedad e individualización de las personas, la centralidad del mercado y de las nuevas tecnologías. Estos cambios culturales crean oportunidades pero también dificultades para la convivencia social.

2. La imagen heredada de lo chileno se ha vuelto difusa y poco creíble para la mayoría de las personas. Junto con ello se ha debilitado el sentido de pertenencia a Chile. La sociedad chilena no parece disponer hoy de una imagen de sí misma que le permita ser sujeto. A ello contribuye una imagen conflictiva de su pasado y un diseño débil de su futuro.

3. La producción de experiencias y significado de lo social debe hacerse cargo hoy de nuevas dinámicas, nuevos materiales y nuevos actores. Entre ellos, la mercantilización y masificación de los bienes culturales, la transformación del sentido del trabajo, el auge del consumo, la preeminencia de las imágenes, la diversificación de los lenguajes y significados, y la pérdida de significación de la política.

4. La vida personal en Chile está caracterizada por el despliegue de la individualización. Cada vez más las personas deben definir por sí mismas sus objetivos, valores y proyectos. Este proceso no ha sido acompañado por un desarrollo similar de los recursos sociales necesarios para llevarlo a buen término, lo que produce agobio y retracción social en las personas.

5. En Chile se han diversificado los modos de vida, pero en muchos casos se trata de una diversidad disociada. La falta de vínculos entre los modos de vida genera incomunicación y dificulta así la construcción de una diversidad creativa.

6. Chile exhibe un déficit cultural. A pesar de la importancia de las políticas culturales en los últimos años, se ha prestado menos atención a aquellos procesos culturales que permitirían aumentar las capacidades de la sociedad para actuar como sujeto.

7. El desafío de la cultura, en la perspectiva del Bicentenario, consistiría en crear y afianzar un “proyecto país”. Esto plantea una doble tarea. Por un lado, se ha de generar una visión de país en la cual todos puedan reconocerse como miembros plenos de una comunidad de ciudadanos y como actores eficaces en su desarrollo. Por el otro, hacer posible que las personas, junto con incrementar su libertad individual, puedan ejercer de manera concreta el sentido de “vivir juntos”.

Informe del 2004: El poder de la sociedad civil, ¿dónde está?

En el mapa actual del poder en Chile no se observan, en el ámbito de lo social, actores fuertes, capaces de desafiar y equilibrar las otras fuerzas en juego; es decir, no habría una sociedad civil poderosa. Ello, a pesar de que existen más de ochenta mil organizaciones (PNUD, 2000), y que actualmente el 55 % las personas declaran participar y tener una disposición favorable a la acción organizada.

Sin embargo, las personas no consideran que defender sus derechos, individual o colectivamente, sea una alternativa eficiente de acción ante una situación que se considera injusta. Es más, el 63% de los encuestados está de acuerdo con que el problema en Chile es que las personas no son capaces de exigir ellas mismas sus derechos (Encuesta Nacional PNUD, 2004).

Los medios de comunicación son el principal referente de ejercicio de poder e influencia respecto de su capacidad para transformarse en creador de opinión pública que interpele a los poderes políticos y económicos.

Algunas reflexiones:

Diferencias en la integración.

Con todo hay que plantear que existieron diferencias en el comportamiento de las masas que saquearon y el resto de la población de Concepción (cuidad cuasi metropolitana) No todos fueron saqueadores. Hubo un repudio enérgico de los ciudadanos más integrados sobre estos actos.

También hubo diferencias en lo ocurrido en otras ciudades como Talca o Curicó y localidades más rurales del centro-sur de Chile en donde no se registraron sucesos similares salvo excepciones. La pregunta es entonces si existen diferencias en la integración social

Fragilidad del modelo económico.

El terremoto dejó a la vista los pies de barro del modelo económico y social. Esto se manifestó en saqueos por doquier, violencia desatada y la transformación casi instantánea de sujetos que ayer eran considerados respetables consumidores en cuotas que usaban dinero plástico, pasaron a ser bárbaros que no respetaban nada.

La pregunta que deberíamos hacernos es ¿por qué en Chile apenas el orden se retira –cuando el brazo armado de la ley deja de atemorizar- los sectores más pobres y no tan pobres, se sienten con el legítimo derecho de saquear y tomar aquello que de otro modo no podrían hacerlo? ¿Por qué tan poca lealtad con la sociedad?

La respuesta parece estar en que:

En sociedades altamente desiguales,  la cohesión y la lealtad social escasean y son sustituidas por la fuerza y el miedo –la mano dura como gusta decir a tanto chileno-.

La sensación de injusticia y de exclusión altamente extendida entre los pobres –que tantas veces se ha diagnosticado como “escandalosa desigualdad”- hace que nuestra sociedad esté pegada con el mismo pegamento de los edificios nuevos que se derrumbaron. Yo me atrevo a decir además con el mismo pegamento con el que estaba unida la concertación.

No será mucho pedirles a aquellos chilenos que reciben el sueldo el mínimo, que no tiene mayores derechos laborales; que no tienen ni salud ni educación pública de calidad, insisto no será mucho pedirles que de súbito muestre lealtad y compromiso con una sociedad que no los integra, con un modelo que los excluye.

 Será que solo el miedo a la cárcel los hace funcionales y civilizados.

Y que hablar sobre el sagrado derecho de propiedad de aquellos que tienen tan poco y a crédito.

En ese sentido, no es difícil entender por qué los ganadores en nuestro modelo  –unos pocos- exhiben  y exigen alta lealtad a las reglas –incluidas las que protegen de mejor manera sus triunfos, como es la propiedad.  Lo difícil es pretender que los perdedores de siempre –los  eternos pobres- tengan lealtad hacia reglas que no han sido diseñadas considerándolos.

Habría que preguntarse si en Chile los lazaos sociales y el control social informal  se han debilitado, hacia conductas individualistas donde se refuerza el “sálvese quien pueda”, “si todos lo hacen porque yo no”, “si no aprovecho ahora cuando”,

 Pero la pregunta que hay que hacerse es la vieja pregunta de Hobbes si el “hombre es el lobo del hombre” y requerimos siempre un gran Leviatán para mantener a las sociedades a raya.

O por otro lado si es posible construir un proyecto país basado en la integración y no en la exclusión.

Influencia de los medios de comunicación “Reality del saqueo por la TV”.

Las imágenes de saqueos trasmitidas una y otra vez, sin presencia laguna de fuerza pública o incluso tolerante, puede haber invitado a muchos imitar estas conductas y no quedarse fuera de la “fiesta del saqueo”.

Un ejemplo de la influencia de la televisión es el caso de la pequeña gigante que fue trasmitido hasta la saciedad por todos los canales de TV y por radio, siendo que desde provincia contemplábamos perplejos este fenómeno de masas. Los medios instalaban esa sensación de que “No me puedo perder la pequeña gigante…hay que estar ahí”.

Queda la sensación de que todo es show. Todo es un gran reality. Desde las noticias y el terremoto donde los canales no quieren volver a su programación tradicional por el temor a “no estar ahí” y no perder sintonía. 

Luego están los “reporteros anónimos”, los “caza noticias” esos que quieren trascender su vida cotidiana y reportear “como en la tele”, los que con alta dosis de exhibicionismo que han fomentado las redes de Internet, suben  arriesgadas filmaciones del terremoto y maremoto para ser parte de esa potente realidad virtual y construida que se ha instalado en las redes de Internet, a riesgo de su propia vida.

Al parecer “ser alguien” (en la realidad virtual) es más poderoso al miedo a morir en la realidad concreta. Nuevamente, el espectáculo, la novedad, lo exclusivo,  se impone. No por nada todos quieren ser “el único medio”.  

Escrito por Manuel Escobar S. Sociólogo y Director Ejecutivo del CREDHU. 

Conferencia dictada en “Encuentros, Las fronteras de las ciencias sociales” Universidad Central Sede la Serena el Martes 8 de Junio.
 

Para entender los resultados de la casen 2009

Para entender los resultados de la casen 2009 es necesario tener en cuenta que la medición de la pobreza en Chile se realiza en función de los ingresos necesarios para satisfacer las necesidades nutricionales básicas. De aquí que los principales factores que influyen en la pobreza son los ingresos del hogar y el precio de la canasta básica de alimentos. 
Si analizamos la serie Casen 1990 - 2009 encontramos que la medición de 2006 registra una significativa disminución de la pobreza en 5 puntos porcentuales respeto a la medición anterior. Cabe destacar que en las tres mediciones anteriores (1998, 2000 y 2003) la variación entre cada una de ellas fue de -1,5 puntos porcentuales. La variación 2006  -2003 podría ser explicada por el incremento tanto de los ingresos autónomos como de las transferencias que realiza el Estado a través de sus programas sociales, y de los cuales se obtiene el ingreso total del hogar.
Los resultados de CASEN 2006 dan cuenta de un ingreso autónomo promedio del hogar de $613.206, 7,8% superior en términos reales al registrado para 2003. Los subsidios estatales por su parte permitieron que este valor se incremente en 9,7%, situándolo en $672.463l, el que a su vez resulta 9% superior (en términos reales) al reportado en 2003.








Para comprender los resultados del 2009, es indispensable comparar la variación de los ingresos autónomos y totales de los hogares, dato que aún no está disponible, pero que presumiblemente fueron inferiores a los observados en la medición del 2006, debido a la crisis, que afectó al empleo y el alza del precio de los alimentos que aumentó el valor de la canasta básica, incrementando la línea de la pobreza.
Teniendo estos datos a la vista, se puede concluir que los resultados de la CASEN 2009 son positivos si es que son analizados en el contexto de la aplicación de una fuerte política fiscal anti-cíclica que permitió a Chile enfrentar en muy buenas condiciones los efectos de la crisis mundial. 
La pregunta más importante que debemos hacernos es si estamos en presencia de un punto de inflexión de la curva de disminución de la pobreza, como resultado de las condiciones estructurales del modelo económico que hace que sea cada vez más difícil para la política pública enfrentar la desigualdad sólo a través del incremento del gasto fiscal.

Escrito por Manuel Escobar S. Sociólogo y Director Ejecutivo del CREDHU.
Articulo Publicado en diario El Día el 15 de julio de 2010.